Dulce Dolor
El amor de tu cuerpo me abraza con su piel, me encuentra desprevenida en el frio de la noche. Al nacer tu piel se acercó a la mía y tan hirviendo me sonrió, cuando tu respiración se acerca en la penumbra me enternece de alegría y entro flotando en tus sueños. Dormías y te cantaba para que no despertaras, mientras tanto se entrelazaban dos universos: el de tu existencia en mis brazos y un mundo onírico, etéreo y frágil como tu pequeño ser.
Entiendo que esto no se repetirá toda la vida. Hoy sé que mi palaras a veces se alejan de eso que fuimos, tu cuerpo también lo hace cuando crece. Cuando tus alas son felices vuelan y yo también soy feliz y aun así no puedo evitar este dulce dolor. Será hora de volver a preguntarme quién soy, lejos de tu piel.