Réquiem para quienes se van y los que quedan
Quiero escribir esta carta a todos los seres que se han ido y a los que
quedamos también
Es una carta de despedida y de esperanza, acerca de lo que siento y creo
sobre la muerte y la vida.
Vienen a mi mente en primer lugar mis abuelos, no puedo escribir esto sin
emocionarme, pero no es el mismo dolor que alguna vez sentí cuando su muerte era
mas reciente.
Hay una dimensión en la que ellos habitan, no es como en las historias de
fantasmas donde se aparecen, no lo siento de esa manera, pero sí están
presentes en mí, a través de mis sueños, de mis pensamientos, de mis emociones,
de mis sensaciones. No podría jamás olvidarlos porque inevitablemente son parte
de mí.
Ellos viven en mi literalmente como una expresión de mi ser, de mis
cualidades, de algunas de mis dificultades. Ellos y su historia son parte de mis
tropiezos y de mis avances.
Ya no tomo el dolor como la emoción para evocarlos, un día reconocí que
ellos deseaban mi felicidad, yo sabía exactamente lo que ellos me estaban diciendo
en ese momento. Yo podía escucharlos en mi interior expresando sus deseos hacia
mí.
Ya no tomo el dolor recordando si sufrieron o no antes de partir, si la
enfermedad fue dolorosa, solo he podido sentir que desencarnar ocurrió como
parte de una liberación y una transformación. Incluso a veces los siento en el
aire como parte íntegra del todo. No puedo decir que creo en otras vidas por lo
que no sabría decir si reencarnaron, pero estoy convencida de que el alma tiene
existencia más allá del cuerpo por lo que sé que pueden comunicarse sutilmente
conmigo, de la misma manera en que nos transmitimos el pensamiento con nuestros
seres cercanos en la cotidianeidad.
El cuerpo desvanece dolor cuando la energía del alma lo supera, cuando la
energía del alma está por encima del cuerpo el dolor desaparece. Cuando la
energía se separa del cuerpo el cuerpo deja de sentir. Y por ello suelto el
dolor que podría causarme pensar como sufrieron.
Cuando recuerdo a mis seres amados que ya no están aprendo a soltar mi
dependencia y tomarme de sus enseñanzas. Si extraño su abrazo decido tomar al
abrazo como un legado para otros también. Si extraño sus comidas decido
hacerlas y regalármelas, si extraño su mirada, pues cierro los ojos y los
imagino mirándome. Decido que todo lo que extraño de ello voy a tomarlo, apropiármelo
para mí misma en cada momento necesario.
Si me siento en deuda con él o ella tomo papel y lápiz y dejo muy en
claro todo lo que no pude, no logre decir, no hice bien. Lo hago con la
intención de reconciliarme sabiendo que el plano donde sea que esté recibirá mi
intención, porque todos vamos y venimos del mismo lugar, porque a mí también me
tocará y porque con amplitud total del corazón me gustaría irme habiendo hecho
las pases con todos los que alguna vez me amaron. Entonces pienso, ¿no estaremos
todos unidos por el lazo del amor? Y es que este es tan fuerte que hacemos
redes que nos conectan aun con aquellos que hace años que no vemos. Nuestras
almas siguen enlazadas. Ya sabré si debo cortar ese lazo o si debo restaurar su
luminosidad. Pero soy muy clara y trato de hacer un enorme esfuerzo en perdonarme
a mi misma. Y no sostengo ni creo que, luego de la muerte, mis seres queridos
deseen venir a cobrarme algo. Mas bien creo que mi insistencia en deberles me
causa pobreza y estancamiento.
He sentido mucha tristeza por seres que se han ido y desde mi punto de
vista no era el momento. Los que dejaron a otros colgando de ellos. Los que se
van tirando una bomba atómica a su alrededor de desolación y dolor. Esas
personas que derrochan bondad y amor y dejan un vacío infinito cuando parten.
Entonces pienso que son almas antes que seres humanos y por ello me obligo a
respetar el camino de esas almas. Y me viene a la mente una flor, no puedo
enojarme porque no dure florecida todo el año. No puedo ir en contra de su hermosa
fugacidad. Y luego pienso nuevamente voy a empoderarme de lo que me dejó. Voy a
tomar lo que me enseñó, lo que me dejó ver a través de su experiencia. Si tomo
su vida como una expresión de esperanza y como una fuente de inspiración puedo
replicar su energía en este mundo. Abrazo en mi silencio a estas almas y les
hablo, a veces les pregunto por qué, me sigue doliendo. Pero quiero ir mas allá,
tal cual lo hubieran hecho ellos en mi lugar. Mucho mas allá, mas infinito y
lejos tan lejos e infinito como su bondad. Y porque amo la vida, acepto la
muerte.
Pienso que todos hemos venido a vivir diferentes experiencias en este
escenario de la vida. Respeto eso y en la medida en que podamos descubrirlo,
saborearlo, aprenderlo, disfrutarlo, reconocerlo, abarcarlo y también soltarlo,
el objetivo se habrá cumplido y el adiós será mas natural. A Dios, a-dios ¿será
que allá nos vamos?
Me pregunto permanentemente donde está la memoria, el chip, la info que
almacena parte del sentido de mi experiencia en este cuerpo. No como un
destino, ni como una especie de misión externa a nosotros mismos, o una
llamada. En principio siendo la persona mas dubitativa no puedo ver un llamado
o un destino en mi ser. Pero puedo observar de que estoy hecha. Es confuso y
desde ese lugar se llena todo de mucha más información. Podríamos hablar de
tantos elementos que nos integran. Pero hay como una especie de hilo conductor
al interior por donde vibra nuestra energía y que tiene que ver con un
principio placentero de aquello que siento me conecta a la vida. Una especie de
fuente de energía que subyace y que si la niego me debilita. No es una
creencia, ni una posición acerca de algo o alguien, es una conexión interna con
mi propio timón.
Y espero que todos los que parten hayan podido experimentarse como los
capitanes de su propio barco. Si pudieron guiarse desde ese motor impulsor
interno, libre de negaciones de si mismo. Si pudieron decir SI a sí mismo, no
por rebeldía, ni por sumisión, solo decir esto soy yo, o esto quiero. Si
pudieron darse el tiempo para no sentirse arrastrados por el todo y cuando la
tormenta llegó no tuvieron miedo a nada, porque sabían quiénes eran. Almas
encontradas y no almas perdidas.
Pero tampoco sufro por eso porque no entra en mi pensamiento posibilidad
alguna de que no tengan otra oportunidad, en este infinito retorno de las
cosas. Y aunque la tierra avance mucho más lejos y también mucho antes de lo
que nosotros como seres humanos podamos percibir en este fugaz paso por ella,
nunca sabré si en el futuro o en el pasado habré vuelto o volveré. Pues es
este, mi cuerpo y mi mente un sitio tan restringido para tanta información, que
realmente me arrodillo ante la inmensidad. Y desde ese lugar de profunda paz y reconciliación
con el destino, les digo a mis amadísimos seres queridos que ya no están aquí
estoy yo, tratando de ser un faro de luz para encontrarlos en la oscuridad.
Sintiendo como su presencia me habita.